miércoles, 10 de agosto de 2011

El minuto a minuto de la golpiza del ‘Bolilllo’

La historia completa de lo que sucedió en el bar Bembé que sacó a Hernán Darío Gómez de la dirección técnica de la selección.

La contienda inició a las 2:00 a.m en el bar Bembé, en el barrio La Macarena. El ‘Bolillo’ Gómez salió del lugar con los ojos rojos. Quizá estaba borracho, quizá era la rabia contenida, o tal vez las dos cosas. 

Detrás iba una mujer delgada, de piel canela y pelo largo color castaño que vestía falda tres cuartos y medias blancas. El técnico de la selección colombiana alegaba y movía las manos enérgicamente, como lo hace cuando reprende a sus jugadores en los partidos. La mujer intentaba calmarlo, le tomaba las manos, le acercaba los labios, pero su furia parecía acrecentarse con cada caricia que ella le hacía.

Caminaron media cuadra dejando atrás la fachada blanca y caribeña del bar, hasta llegar al hotel de la esquina. Sin más espectadores que Boris, el hombre que cuida los carros, Hernán Darío Gómez no pudo contener más la rabia y empezó a gritar:

‒¡Vámonos ya!

‒¡No!‒contestó ella, que quería seguir disfrutando de la música salsa que se alcanzaba a escuchar.

El ‘Bolillo’ hizo de su mano un bolillo y lanzó un puño en la cara de la joven. Esta se cubrió el rostro, pero no pudo evitar otra ráfaga de golpes.

‒Vos sos una perra, eso es lo que eres.

Boris, un hombre de raza negra con la cabeza cubierta de rastas, abandonó los carros y se apresuró a salvar a la dama ultrajada. En tono conciliador, tratando de ser el árbitro, le dijo que a las mujeres hay que tratarlas con cariño.

‒¡No se meta, sapo hijo de puta!‒contestó el técnico mientras hacía el amague de sacar un arma por debajo de la camisa.

El árbitro sacó un cuchillo: “ahora si nos damos”, vociferó.

La gritería se filtró en el bar, mezclándose con los ritmos tropicales, y la gente empezó a salir. Un joven corrió y se paró al frente de Hernán Darío. Estaba dispuesto a pegarle.

‒Vea, negrito, defiéndame, yo le doy plata‒clamaba Gómez al cuidador de carros con el que estaba riñendo unos segundos antes.

El hombre se dejó seducir por el dinero y olvidó el altercado. Se puso en defensa del técnico y ahuyentó al recién llegado con el cuchillo.

Seis mujeres que parecían “hermosas gallinas”, según Boris, salieron del bar con los tacones en la mano preparadas para sancionar con tarjeta roja al agresor y sacarlo del partido a punta de taconazos, palos y piedras. La dama herida seguía con el rostro cubierto, pero ahora lo mantenía así por un golpe más fuerte: la vergüenza.

El negrito seguía voleando el arma blanca para defender a su nuevo amo. Nadie se atrevió a tocar al ‘Bolillo’, que después de darle 100.000 pesos al defensor, tomó un taxi en la Carrera Séptima acompañado de la mujer a quien se le notaba un moretón en el rostro y no paraba de sollozar.

Un rato después, regresaron por el bolso de cuero de la mujer, que teníaen su interior un grueso fajo de billetes. Gómez le dio una nueva recompensa al cuidador, 50.000 pesos más, y se marchó afligido.

Esa noche ganó el primer tiempo en la contienda ante su acompañante. Ahora está corriendo el segundo y aún no ha sonado el pitazo final.